viernes, 11 de octubre de 2013

Empezamos bien...

Hoy hace exactamente 9 días que llegué a Heidelberg. Recuerdo perfectamente cuando bajé de aquel Hahn Exprés con tropecientos bultos, que mi madre y yo parecíamos dos guiris perdidas que no tenían ni idea, y efectivamente, eso es lo que éramos. Comimos algo en la Haupt Bahnhof en una especie de Wok Take Away y nos pusimos a buscar el famoso tranvía número 5 que tenía que llevarnos a la parada "Ochsennosequé" que quedaba cerca de la residencia.

Servidora recordaba que en los tranvías de Austria se compraban los billetes en unas maquinitas situadas en el interior de cada vagón, así que cuando el tranvía dirección Mannheim hizo aparición le dije yo: ¡p'arriba! con todos los trastos. Pues solo deciros que no había maquinita dentro, y que la única vez que he visto un revisor (sí, en Alemania también existen) dentro del transporte público ha sido precisamente esa. Pues sí, nos viene un señor muy bien vestido aparatito y boli en mano, en primera línea de fuego predispuesto a multar y me dice "Ihre Karte bitte". ¿Lo cualo? Pues allí me ve con la maleta, la maleta de mano, el bolso, despeinada y estresada intentando explicarle que acababa de llegar de España y no tenía ni idea de cómo funcionaba aquello, que si por favor podíamos pagarle los 3€ de los billetes. Se me queda mirando con cara de qué me estás contando y me dice que la máquina está fuera, que me baje y lo compre y aun pone expresión de "da gracias que no te haya multado" (abro un pequeño paréntesis para informar de que aquí la multa no son 100€ como en Barcelona, patria querida, sino 40). Pues eso, que nos bajamos la Pepi y yo en no se sabe dónde y le preguntamos a unos señores con corta-césped y gafas mu profesionales que qué zona había que comprar, pero vamos que ni flowers. Total que al final compramos los billetes, nos montamos en el trasto eléctrico y llegamos, no sin esfuerzo, a la famosa SRH. La recogida de llaves e instalación en la habitación fue más o menos normal así que no me entretengo más en detalles. El único inciso que se me ocurre es que a parte de que mi nevera es ridículamente pequeña y que no tengo persianas (ni un colchón decente), creo que soy la única chica de mi planta y que la mitad de mis vecinos son turcos (que no les tengo ninguna manía por ello) que se dedican a rezar de vez en cuando en el pasillo con una manta (no les gustará la orientación / acústica del cuarto, hoygan).

Pues bueno por la tarde fuimos al (famoso y conocido por todo Erasmus que se precie) IKEA. No te lo pierdas que para llegar hay que coger un tranvía o bus, un tren y otro bus que pasa cada hora, o cuando le apetece. Me salto el follón hasta conseguir los billetes de tren porque bastante fama de paletos tenemos ya los españoles como para ir acrecentándola...
Debo decir que mucha rectitud y mucha Merkel pero los retrasos aquí EXISTEN, y los trenes se toman con mucha relatividad eso de la puntualidad... vamos que no es RENFE la única que llega cuando le apetece, que la Bahn alemana tampoco se queda corta.

Pues eso, llegamos al IKEA no se sabe aun cómo (después de perder un bus y coger un taxu) y al pagar resulta que en las cajas nuestra VISA no vale, la MASTERCARD tampoco y con la del Caprabo no probamos pero me da a mí que tampoco hubiese colao. Porque se ve que allí son fans de la EC card, y si no tienes de eso vas listo, a pagar comisión (cajero si que tienen, la cuestión es que compres).
El día siguiente era 3 de Octubre, la fiesta de la unificación alemana, en buen día llegué yo que estuve un día de turismo por el castillo y el puente con el mono famoso y esas cosillas porque trámites en festivo ni uno, eso no cambia en ningún sitio.
Así que no fui una persona decente, de esas que tienen comida en la nevera y tienen sus papeles en regla hasta el viernes.... o digamos más bien hasta el lunes, una vez pedida la cita para abrir la cuenta en el banco, que son mu ordenaos aquí esta gente.
El lunes mami se volvió para Tortosa y aquí me quedé yo con mis Esme y Kata, que me quitaron la penilla de verme sola en Cuadradolandia.

Los días siguientes ya han sido más de estresarse pensando que todo va a salir perfectamente... mal, sobre todo por el hecho de que tu maravilloso contrato de estudios no es tan maravilloso después de todo y de que tienes que mandar más correos que los de Ofertix para pedir permiso a los profesores para asistir a sus clases, enterarte de en cuáles no aceptan Erasmus y cuáles se escapan de tu nivel, mientras intentas averiguar (por supuesto por tu cuenta) quién es tu coordinador, que para variar está de vacaciones hasta nuevo aviso, y volverte loca preguntándole al tuyo de España, que lleva el tema con bastante relax, cómo puñetas solucionas este embrollo.

Y aquí estamos en el cuarto destrozadicas siendo viernes a las 00h, que será el mal tiempo o el cansancio de estar todo el día Haupstraße p'arriba Haupstraße p'abajo que nos tiene echas polvo.
Lo que si puedo decir es que Heidelberg tiene un encanto especial y que se preveen buenos momentos por su(s) calle(s), si descubrimos que a parte de la calle principal, hay vida en otros callejones.
Seguiremos informando, espero contaros algún día lo bien que me lo pasé en la fiesta de Menganito de tal, que suena más divertido que las historias de carreras, bancos y papeles.

Eso sí, debo decir que me han servido un montón los meses en Austria porque gracias al cielo, la divina providencia o a la insistencia, hablo algo entendible similar al alemán! Yay!

Gute Nacht hermosos.
:)


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